¿Hablas en Serio?

Me encontraba leyendo el libro de Isaías en mis estudios personales. Aunque he leído este libro muchas veces, como el Señor hace a menudo, me llamó la atención un pasaje en el capítulo 1 que quisiera compartir. Todo el capítulo es contextualmente sobre el tema del pecado del pueblo de Dios. Puede ser dividido en 3 secciones principales:

1) Dios condenando el pecado de la nación (vv. 1-9)

2) Dios llamando a su hipocresía (vv. 10-15)

3) Dios comprometiendose a purgarlo de sus pecados, con sólo arrepentirse (vv. 16-31)

Yo quiero hablar del punto #2. A continuación se muestra la referencia:

“¿De qué me sirve a Mí, dice el Señor, la muchedumbre de vuestras víctimas: ya me tienen hastiado, yo no gusto de los holocaustos de carneros y de sebo de animales gordos; ni de gordura de los pingües bueyes, ni de la sangre de los becerros, de los corderos de los machos de cabrío. Cuando os presentáis ante mi acatamiento ¿Quién os a mandado llevar semejantes dones en vuestras manos, para pasearos por mis atrios? No me ofrezcáis ya más sacrificios inútilmente: pues abomino del incienso. El novilunio, el sábado y las demás fiestas no puedo ya sufrirlas más tiempo: porque en vuestra asamblea reina la iniquidad” 

Isaías 1: 11-13

Cuando estaba leyendo este pasaje, lo que se destacó para mí fue el gran disgusto que Dios tenía por las ceremonias religiosas de las personas que se unen con el propósito de la adoración. Dios hace una pregunta retórica: “¿Cuál es tu sacrificio para mí?” Al afirmar esto, Dios está diciendo que él no necesita el sacrificio del pueblo. El sacrificio debe venir después de la obediencia a los mandamientos del Señor. Recordemos cuando Dios se lamentó de que Saúl no siguiera sus mandamientos, Samuel (similar) retóricamente preguntó a Saúl si Dios se deleita más con los holocaustos y sacrificios, o con la  obediencia.

“Dijo entonces Samuel: ¿Por ventura el Señor no estima más que los holocaustos y las victimas el que se obedezca su voz ?La obediencia vale más que los sacrificios; y el ser dócil importa más que el ofrecer la grosura de los carneros. ” 1 Samuel 15:22

El Señor va tan lejos como para decir que él no quiere que la oferta sea “vana” (vacía / sin sentido). Además, lo que me llegó al corazón fue cuando Dios dijo que él no puede soportar la  “sesión solemne”. Esa reunión solemne, por supuesto, fue la reunión de los hijos de Dios a ofrecer adoración y alabanza al Omnipotente. Incluso enfatiza que esta reunión es pecaminosa, ya que dio lugar a la iniquidad.

Así que aplica esto al día de hoy: Hoy tenemos creyentes-hijos de Dios-que que se juntan con otros creyentes, trayendo adoración, alabanza y ofrendas.

Esto suena bien hasta ahora, ¿verdad?

Estas son las personas que van a la iglesia, dan diezmo, cantan todas las canciones de alabanza, tal vez incluso sonríen cuando cantan en el escenario, enseñan en la escuela dominical, etc. pero hay algo que no está bien. Tienen pecados sin confesar ¿Cuánto pecado puede ocasionar esto? Permita que Santiago responda a esta pregunta a continuación:

“Pues aunque uno guarde toda la Ley, si quebranta un mandamiento, viene a ser reo de todos los demás.”  Santiago 2:10

El resultado final de esto es que, si tú has pecado de cualquier forma, eres tan culpable como si has cometido todos los pecados en el libro. Así que no tienes que ser un adúltero para ser pecador (aunque mirando a una mujer con lujuria viola este mandamiento), ni un asesino (aunque estar enojado con un hermano o hermana sin causa, o llamarles ‘tonto’ viola este mandamiento), pero algo tan simple como el orgullo puede ser el catalizador para el abismo que se forma en nuestro corazón.

El pecado es pecado.

Ah, y no nos olvidemos de los pecados de omisión y los de comisión.

“En fin, quien conoce el bien que debe hacer, y no  lo hace, por lo mismo peca.”  Santiago 4:17

No hacer algo que debes hacer es pecado, al igual que hacer algo que no debes hacer.

Dios quiere nuestra sinceridad en la alabanza. Él conoce nuestro corazón, así que aun y cuando estemos engañando a la gente que nos rodea, no estamos engañando a Dios. Más bien, estamos haciendo que se enferme con nuestra conducta hipócrita.

Así que, voy a hacer la pregunta de nuevo: ¿Hablas en serio?

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