El Regalo de Dios

Yo estaba en el aeropuerto de Seattle, esperando el vuelo para ir a visitar a mi mamá y papá. Mientras caminaba hacia la sala de espera, vi a un joven sentado en el suelo, la espalda contra un poste leyendo lo que parecía ser una Biblia. Sentí el llamado del Espíritu Santo, así que le pregunté si estaba leyendo la Biblia, y él asintió afirmativamente. “¿Cuál es tu nombre?”, Le pregunté. “Natania”, respondió con un acento muy grueso y no muy buen inglés. Después de algunos intentos para confirmar su nombre, le pregunté si podía sentarme con él. Él era de Etiopía, y a que no adivinan lo que estaba leyendo… Isaías (también conocido como “Ishaia”). Así que para recapitular, sentí que el Espíritu me llevaba a hablar con un Etíope que lee a Isaías… ¿Les suena familiar? (Hechos 8: 26-40)

Natania (que significa: “don de Dios”) se había salvado hacia  5 años. Él se salvó y fue bautizado en un río en Etiopía, después, llegó a Estados Unidos con su hermano. Empezamos a hablar sobre el Evangelio, y cómo es un fuego que arde en nuestros corazones. Natania sintió que el Señor lo llamaba a compartir el Evangelio, pero también sentía que el Espíritu lo estaba preparando para este viaje. Él dijo: “Yo espero que el Espíritu de Dios me diga cuándo. Mientras espero, rezo, leo, estudio“. Luego me contó que era una persona ordinaria – que no podía hacer nada excepto por el Señor. “Dios no me dio [para ser] un médico, o ingeniero, soy normal.” Fui a recordarle que Dios a menudo elige a los que son “pequeños” para hacer grandes cosas para el Señor. Le hablé acerca de Moisés, David, Mateo, Pedro, y cómo el Señor los eligió  y los usó poderosamente. Dios hizo esto para “confundir” a los sabios, y para asegurarse de que nadie lo miré y diga “¡Mira cuán grandes cosas que ha hecho!”, Sino “¿Qué ha hecho Dios?”

“sino que Dios ha escogido a los necio del mundo para confundir a los sabios, y Dios ha escogido los flacos del mundo para confundir a los fuerte, y a las cosas viles del mundo y a aquellas que eran nada, para destruir las que son al parecer más grandes, a fin de que ningún mortal se jacte en su acatamiento “I Corintios 1: 27-29.

Yo sólo pasé unos minutos con este joven, pero me llevé un par de cosas:

1) Voy a volver a mi Biblia. La había estado leyendo en una tablet debido a su conveniencia, pero hasta cierto punto, parece que ha perdido algo de reverencia. Además, no hay gente que me confronte (positiva o negativamente) por leer mi tablet, ya que no saben si estoy leyendo una novela, mi e-mail, o la Biblia. Y, por último, solía llevar mi Biblia conmigo a  donde quiera que fuera, ahora ya no lo hago. Llevo mi tablet a todas partes, pero cuando miro a mi Biblia, me recuerda la gloria y el poder de nuestro Dios todopoderoso, y aviva mí deseo de saber más. Cuando miro mi tablet, me recuerda que debo revisar mi correo electrónico y me distrae con las cosas de la vida.

2) Conocer a Natania leyendo su Biblia en un lugar tan público como el aeropuerto de Seattle fue un recordatorio para mí de que todavía hay creyentes audaces en el mundo. Creyentes a los que no les importa lo que otros puedan pensar de ellos, y son firmes en su fe. He perdido el corazón recientemente con la mayoría de los creyentes que me encuentro, y lo débil que parece ser su fé… y yo (en broma) me preguntaba si aún quedaban verdaderos creyentes. Me sentí alentado y reconfortado de conocer a Natania, y alabo a Dios por haber cruzado nuestros caminos.

Natania me pidió “por favor ora por mí todos los días” y voy a hacer mi mejor esfuerzo para tenerlo presente en mis oraciones diarias.

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